vía PedroJato | El sainete protagonizado la semana pasada por el PSOE con respecto al trasvase del Ebro, nos obliga a reflexionar sobre la utilización política de un problema que afecta a millones de españoles de diferentes Comunidades Autónomas.
El PSOE ha sobrevivido en política gracias al miedo al trasvase, y vive en la actualidad engañando, confundiendo y ocultando lo que es un trasvase en toda regla con palabras como conducción parcial, transferencia, cesión temporal, prolongación de tubería, con la intención de seguir viviendo del agua en el futuro: para los socialistas “el trasvase es un gran invento” para seguir aumentando su granero de votos con la credulidad de sus afiliados y simpatizantes.
En Aragón el tema es especialmente sangrante y los Presidentes Zapatero e Iglesias han engañado a los aragoneses. El Sr. Zapatero dijo en las pasadas elecciones que “mientras sea Presidente no habrá trasvase del Ebro”, y lo ha hecho por Decreto en su primer Consejo de Ministros!
El Sr. Iglesias dice que la tubería que llevará agua del Ebro de Tarragona a Barcelona no es un trasvase, cuando en mayo de 2006 dijo “¿De dónde llega el agua a Tarragona? ¿De Marte? ¿De la Luna?” ¿Porqué el Presidente Iglesias no ha tenido en cuenta lo establecido en el Estatuto de Aragón y en concreto en sus artículos 19 y 72 y no ha salido en defensa de los aragoneses convocándolos a manifestar su rechazo al trasvase con la misma fuerza que en otras ocasiones?
¿Dónde está el Alcalde Belloch, que no ha rechazado frontalmente el trasvase, que no ha convocado Pleno extraordinario, que no ha colgado ninguna pancarta en contra del trasvase en el balcón del Ayuntamiento y ha salido al mismo acompañado de sus concejales socialistas como en un cercano Pregón de Fiestas del Pilar?
Los socialistas le deben mucho al Ebro, han sabido rentabilizar en votos la sed de los hombres y las tierras, han sabido manejar los tiempos y la semántica en las diferentes comunidades de España para llevar las aguas a sus intereses particulares. Esta farsa debe llegar a su fin, deben quitarse las caretas, asumir sus responsabilidades de Gobierno y realizar urgentemente las necesarias obras del Pacto de Agua que hagan de Aragón un territorio con futuro. Todo lo demás son engaños y los aragoneses arrojarán las políticas hidráulicas socialistas a un río al que tanto han despreciado.