alejandro-magno-alexandros-manfredi.pngSi la máquina del tiempo existiese, ¿que personaje del pasado te gustaría conocer? A buen seguro, Alejandro Magno sería uno de ellos.

Acabo de terminar “Alexandros”, trilogía que convirtió a Manfredi en autor internacional (traducido a 32 idiomas), que simplifica la complejidad de la existencia del héroe y la humaniza en una lectura amena y sencilla que he devorado con nocturnidad a pesar de sus casi 1.000 páginas. Quizá es demasiado “best-seller”, pero entretiene. De mucha más consistencia es otra trilogía sobre el héroe, la de Mary Renault, que abandoné hace años a mi pesar en el primer tomo, “Fuego del Paraíso”, gracias al que me inicié en la vida de Alejandro.

Manfredi nos cuenta como Alejandro creció en un entorno estéticamente muy refinado. Recibió su formación política y militar de Aristóteles. Tras el asesinato de Filipo II de Macedonia, reprimió la rebelión de las ciudades griegas, aniquilando Tebas pero dejando indemne Atenas. Una vez restablecida la Unión de los griegos bajo su autoridad (con 22 años), se lanzó a la conquista de Asia, y tras “deshacer” el nudo gordiano, finiquitó el imperio persa (con 25 años), avanzando hasta los confines de la India atravesando Afganistán y Pakistán.

Alejandro creó una nueva civilización con el encuentro de Oriente y Occidente. Fue divinizado en vida como hijo de Zeus y acumuló los títulos de Rey de los persas, Hegemon de la Liga Corintia y Rey de Macedonia. Extendió el griego y las instituciones griegas al mundo oriental. Se construyeron 70 ciudades bajo el nombre de Alejandría, que fueron centro de expansión de la civilización griega. Alejandro murió en el 323 con 33 años mientras se disponía a conquistar el Mediterráneo occidental.

alejandro-magno-bucefalo.png

Una curiosidad: el “Alejandro Magno” de Richard Burton, de 1955, que resultó un estrepitoso fracaso, es un fresco en el que sin duda Manfredi recrea parte de su obra. Las coincidencias son más que casuales. Paradójico porque el “Alexandros” de Manfredi ha servido de inspiración a la película de Oliver Stone y Colin Farrell de 2004, que tampocó rompió en taquilla… ¿maldición faraónica?

Manfredi describe a Alejandro con un alma dividida en dos: de un lado, la racionalidad y el amor por el saber, transmitidos por Aristóteles; del otro, los misterios e intrigas y la fuerza salvaje de Dionisio, heredados de su madre Olympias. Alejandro fue un “loco soñador” que cambió el mundo, un mito legendario e inmortal que buscó la felicidad a lomos de Bucéfalo.

Me había familiarizado con sus aventuras, así que ahora lo echaré de menos…

Archivado en Otros | Fecha: 5 de Mayo de 2008 | 3 comentarios »