Efectivamente Farrucks, ya ha pasado un año. “Tienes muy buena cabeza”, te decía incansablemente un amigo común, y es muy difícil llevarte la contraria. Del primer año de Sarkozy como Presidente no podemos, a corto plazo, hacer un balance positivo en política interior. No obstante, echa un vistazo a la política exterior: no hay ninguna mancha seria. Desde que llegó al Gobierno, no solamente no ha habido ninguna crisis en Europa, sino que “puso a Europa sobre los raíles”, relanzando el proceso (Lisboa) que precisamente había anquilosado Jacques Chirac, que, en cambio, estuvo culpando a Europa durante 30 años de los males que sufría su país. También ha relanzado el dormido Proceso de Barcelona con la Unión por el Mediterráneo, enfrentándose a Merkel. Como decía en el post anterior, colocó a Strauss-Khan en el FMI. Ha resuelto con éxito las crisis sufridas por sus nacionales en el extranjero, y alguna más (enfermeras búlgaras), convirtiendo a Francia en referente en este campo.
Jean d’Ormesson, miembro de la Académie Française y ex-director de Le Figaro, bajo el título La rude année de Nicolas Sarkozy, definió el primer año del Presidente francés como Annus Horribilis: “Después de un verano que prolongaba la embriaguez de una campaña triunfal, después de un otoño con medias tintas, después de un invierno decepcionante y una primavera de desolación, donde perdió en algunas semanas una veintena de puntos de popularidad, Nicolás Sarkozy podría repetir en su cuenta la fórmula de Elizabeth de Inglaterra en 1992”.
Señala que la modernización, al menos a nivel privado, no ha funcionado. Por el estilo, la manera de ser. Por los “yates, Rolex y Ray-Ban”. Por su vida sentimental, le falta el coraje de añadir. Yo no estoy de acuerdo con todo esto. Su vida privada nos puede gustar más, menos o nada. Sin embargo, eso no justifica nunca las críticas políticas y de gestión. Y en Francia, con mucha hipocresía por parte de una sociedad que presume con cierta arrogancia de liderar el mundo en aperturismo moral y libertad, eso está sucediendo. “Sarkozy encarna en el Elíseo una restauración monárquica disfrazada”, dice d’Ormesson que -aunque el no la comparte- es la tesis que triunfa entre los intelectuales franceses.
Al artículo de d’Ormesson le falta espíritu crítico real, de peso, sobre la lentitud con que se están abordando las reformas. Pero ya sabes que los resultados en este campo requieren un largo tiempo para apreciar sus frutos. Un año no es suficiente.
Por último, d’Ormesson añade con entusiasmo: “motifs opposés, aussi maltraité par les uns qu’il avait été adulé par les autres qui sont d’ailleurs peut-être les mêmes, sommé de se réformer lui-même avant de réformer le pays, Nicolas Sarkozy, comme Juppé, comme Chirac, comme Jospin battu par Le Pen, comme Villepin, comme Royal, comme Bayrou, tous tombés dans un trou, comme de Gaulle lui-même, comme presque tous ceux que les Français ont élevé sur un pavois avant de leur jeter des pierres, Nicolas Sarkozy est emporté par la tempête. Il s’en serait bien passé. Et c’est pourtant une chance: c’est seulement dans la tempête que se forgent les hommes d’État”.
Y le quedan todavía 4 años completos. Por el bien de los franceses y por el bien de Europa, le deseamos que el precio político y personal que está pagando le reserve un lugar en la historia. Capacidad y determinación no le faltan.