vía Elconfidencial (Jesús Cacho) | Al presidente del Gobierno ha vuelto a jugarle una mala pasada el duende del micro, esa fatal equivocación que consiste en largar cuando uno cree que no le escucha nadie. Le volvió a pasar el sábado en Barcelona cuando se despachó con una de esas frases que retratan a un personaje: “Si infundes mucho pesimismo, si no dices nada positivo, es peor”.
No corráis, que es peor. Se acordarán ustedes del famoso patinazo presidencial, un escándalo en toda regla, ocurrido durante una entrevista en Cuatro previa a las generales del 9-M, cuando Gabilondo, con la emisión ya cerrada, formula a Zapatero una pregunta que durante la hora larga que duró la charla no había tenido a bien plantear: “¿Qué pinta tienen los sondeos que tenéis?”. “Bien, sin problemas, lo que pasa es que nos conviene que haya tensión y dramatizar”. Tras haber basado la estrategia de deslegitimación del Partido Popular durante toda la legislatura en la “crispación”, un fallo de la electrónica permitió a los españoles desenmascarar al auténtico beneficiario de esa tensión.
Es evidente que el presidente del Gobierno no ha pagado ningún precio electoral por estos deslices. Más grave fue el reconocimiento explícito por parte de Zapatero de haber mentido a los españoles en asunto capital como la negociación con ETA, tras el atentado de la terminal T-4.
Como era de prever, el Presidente se apresuró a enmendar el yerro de Barcelona con otra de sus frases huecas, francamente ofensiva para cualquier inteligencia medianamente aseada. Sostiene Rodríguez que “el pesimismo no crea ningún puesto de trabajo”, ergo es adecuado engañar a los ciudadanos y no decirles la verdad. De manera que hay que seguir diciendo a los españoles que los niños vienen de París. Zapatero descubrió hace tiempo que aquí nunca pasa nada siempre y cuando el que manda haga demostración de colegueo y buen rollo, siempre y cuando reparta buenismo y sonrisas por doquier.
Pero, por desgracia para todos, hay muchos españoles que ya están empezando a sentir en sus carnes las consecuencias de la crisis. El cóctel de inflación alta, tipos de interés -con el euribor por encima del 5%- elevados, y paro creciente dibujan un horizonte muy negro para el consumo y, por ende, para nuestra capacidad de crecimiento. Dijo Zapatero en uno de los debates electorales televisados ante Mariano Rajoy que “la desaceleración no va a ser ni profunda ni prolongada”. Todo apunta a que va a ser al revés: crisis de caballo, profunda y prolongada.