Se habla estos días de Afinidades despectivas -algunos medios, con una sorprendente virulencia-, nuevo artículo publicado en El País por José María Lassalle, diputado en el Congreso y Secretario de Estudios del PP.
Lassalle está considerado el principal ideólogo con que cuenta el PP en la actualidad.
Dice uno de sus colaboradores que podemos simplificar la concepción liberal de Lassalle añadiéndole el concepto de igualdad.
Quizá el liberalismo que propugna Lassalle podamos asimilarlo o esté influenciado por el de Nicolas Sarkozy, empeñado en enterrar -con la colaboración de sus néoréacs- la herencia intelectual relativista de mayo’68, y que hablan sin tapujos de 2 conceptos que la izquierda, en su afán por apropiarse en exclusiva de lo que no le corresponde, considera antagónicos, pero que no lo son, como demostró el Partido Popular en sus 8 años de gobierno: el “liberalismo social”.
A este respecto, Lassalle publicó un controvertido artículo el pasado 21 de abril bajo el título de Liberalismo antipático -consensuado con Mariano Rajoy- en respuesta a la conocida conferencia que pronunció Esperanza Aguirre en el Foro ABC. Sin ánimo de refrescar la polémica, sino con la sana intención de ilustrar a cuantos guste participar de los debates de ideas, transcribo a continuación algunos de esos párrafos que conforman y resumen el ideario liberal popular actual, en palabras de Lassalle:
[Somos liberales]. Lo demuestra el programa con el que concurrimos a las elecciones del 9 de marzo. En él se dice que somos “una formación política de centro” (punto 7) que “asume la tradición del liberalismo español surgida de la Constitución de Cádiz” (punto 8). Un partido que defiende la “libertad porque es el fundamento de la dignidad de la persona y el motor del progreso y el bienestar de las sociedades” (punto 9). Asimismo creemos en la “igualdad porque sin ella hay arbitrariedad, privilegio y discriminación, y porque asegura un orden de justicia gobernado por el imperio democrático de la ley” (punto 10). Reclamamos el “protagonismo de la sociedad civil a la hora de liderar los cambios que demanda nuestro país” (punto 16) y abogamos por el “reformismo como garantía de progreso y bienestar y de la igualdad de todos los españoles dentro de una economía libre” (punto 17). Por último, se afirma que la “política debe ejercerse desde la moderación y el respeto a las opiniones de los demás”, apostando por el “consenso y el desarrollo de políticas incluyentes, especialmente cuando éstas interesan a los fundamentos de nuestra convivencia” (punto 18).
[…] Hoy, el liberalismo ha experimentado profundas adaptaciones a los desafíos y retos de la globalización postindustrial. Lo explica Dahrendorf cuando en El recomienzo de la historia señala que el liberalismo ha de ser capaz de defender la libertad “tanto de la jaula burocrática de la servidumbre como de los peligros del fundamentalismo del mercado”. Por eso, quienes defendemos el liberalismo dentro del Partido Popular debemos ser conscientes de que el ejercicio de la libertad ya no sólo debe operar en un sentido negativo y anti-estatista, sino también de una forma positiva, proyectando una dinámica incluyente e igualitaria que anteponga la independencia de la persona frente a las intromisiones de aquellos que practican la arbitrariedad, la intolerancia, la intransigencia y la ortodoxia, vengan de donde vengan, que es lo que defienden los actuales principios de nuestro partido y lo que mantiene Mariano Rajoy en sus discursos desde que asumió su presidencia en 2004.
[…] Si queremos avanzar posiciones electorales debemos trazar con más precisión aún una frontera que sustituya la vieja polémica estatistas-liberales, por otra que exprese nuestra beligerancia frente a las tentaciones arbitrarias y populistas que coartan la independencia tolerante, crítica, moral, intelectual, política, religiosa, social y económica de la persona. Desde esta plataforma, e insistiendo y profundizando en ella, no cabe duda de que estaremos en condiciones de ganar las próximas elecciones generales”.