La adhesión de Turquía es uno de los asuntos más espinosos que tiene la Unión Europea. El 98% del territorio turco está en Asia. Dentro de 20 años será el país con más población de la UE, convirtiéndose en el Estado más poderoso en el Consejo y con mayor número de Eurodiputados. Ello implicaría reconsiderar las reglas del juego de la Europa política actual.
Turquía es el único Estado que acogió con alborozo la Alianza de Civilizaciones del PSOE. En correspondencia, Rodríguez Zapatero lleva un tiempo dándoles cobertura. El 14 de septiembre cenó con Erdogan en Estambul. Mal le debió sentar la cena, pues se le ocurrió comprometer a España a apoyar la candidatura de Turquía a la UE durante la presidencia española del primer semestre 2010.
Es decir, el mismo Zapatero que sometió (el primero!) a referéndum la Constitución Europea, no tiene intención ninguna en preguntar a los españoles -ni al Congreso de los Diputados- que piensan sobre la adhesión de Turquía, y ello a pesar de las consecuencias que tendría, como decía.
Esta misma semana, mientras ZP comprometía a su país en este nuevo capítulo de incompetencia internacional -antes incluso de que la Comisión Europea emita su informe de otoño sobre los progresos turcos-, todos los medios europeos denunciaban que Turquía lleva 3 años con las reformas económicas paralizadas, resaltando que su cota de corrupción es inasumible para los estándares europeos, cómo debe incrementar de manera notoria sus niveles de transparencia en la administración pública, cómo deja muchísimo que desear en políticas de mujeres -que tienen grandes dificultades para acceder a puestos de trabajo y a la política-, como sigue teniendo un grave handicap en materia de derechos humanos (condenada por el TEDH en 330 ocasiones en 2007, récord!), que además todavía no ha realizado su deber de memoria con los armenios… y Zapatero se compromete a apoyar a un país en que todavía se dan estas circunstancias, el adalid de la políticas de género, ZP “el feminista”, en un breve plazo de 2 años.
Austria y Francia preguntarán antes a sus ciudadanos. Nosotros tenemos ya la mordaza puesta. Y los españoles nos merecemos más respeto, pues queremos opinar sobre tal adhesión (en su momento) con los datos de que dispongamos.
En este contexto, ni España, ni la UE, y ni siquiera la propia Turquía, se encuentran en la situación idónea para afrontar este debate con serenidad. La Turquía actual -y aquí el paralelismo con España es asombroso- sufre una difícil crisis económica, necesita una gran reforma del mercado de trabajo, requiere incrementar urgentemente el gasto en educación, y precisa una política monetaria más fiable. Quizá el gesto de Zapatero se deba a la “solidaridad interterritorial”
Asimismo, el problema se extiende. ¿Se ha preguntado Zapatero, como hace Nicolas Sarkozy, “qué podríamos decir a Israel para rechazar su candidatura, o a países que eran franceses hace medio siglo, como Túnez, Argelia o Marruecos?”
La única explicación racional es que ZP ha comenzado con autobombo su gira promocional, preparando un digno retiro, dando fabulosas conferencias por el globo como líder internacional, gurú de las relaciones Oriente-Occidente, y gran estadista y estratega de la política exterior, con la excusa de la Alianza de Civilizaciones, que 5 años después de su lanzamiento es su más sonoro fracaso, producto de una preocupante ingenuidad. O no…
Como anécdota, y en un ejercicio de memoria histórica a la socialista, ZP justificó su apoyo a Erdogan porque “España es un país que se siente orgulloso de la influencia del Islam en su historia”. ¿Oiremos algún día a Zapatero decir algo parecido sobre el Cristianismo?