Me he reído mucho con el análisis pseudo-freudiano del cruce de cables de Rodríguez Zapatero escrito por Juan Bolea. Transcribo algunos de los párrafos.

Desde un punto de vista freudiano, tratando de sumergirnos hasta las profundidades del superego de ZP, cabe la posibilidad de que ese cruce de conceptos, esa explosión erótica de su subconsciente no obedeciera causalmente a la erótica del poder, sino a una reprimida erótica del poder.

¿Pero qué elemento sería, qué imagen o recuerdo, qué tipo de detonante liberó los cerrojos morales del morigerado Zapatero y activó en la mente presidencial la desatada líbido, el verbo popular del fornicio? ¿La robótica cara de Medvédev transformado en efebo cósmico al hablar del escudo nuclear? ¿Esa alusión de ZP al turismo, al sol y al mar, que siempre libera la carne y la hace más permisiva y franca? ¿El término estímulo, que el presidente utilizó técnicamente, como palanca de una acción empresarial, pero que puede aplicarse en registros menos –nunca mejor dicho– enconsertados?

También, quizá, una oposición a contrarios. ¿O es que humanamente no puede ese presidente Zapatero, encerrado en el damero de las autonomías, cada vez más solo en La Moncloa, desfogarse en los grandes salones vacíos del poder gritando: ¡Me los voy a f… a todos! ¡A Ibarretxe, el primero! ¡Y van a ver después los catalanes! ¡Y los de derechas! ¡A todos!

Pero no, tampoco eso va con él. Dignificaríamos esa interpretación psíquica recordando que el fornicio amoroso es cosa de dos, y que acaso fuera ese deseo el que el inconsciente presidencial aflorase sin querer a la luz: la necesidad de compartir el poder, o al menos las noches del poder, con un compañero/a de intriga y placer. Rajoy lo tiene más claro: Zapatero, todo él, es un lapsus.

Archivado en España | Fecha: 6 de Marzo de 2009 | 4 comentarios »