El próximo viernes 22 de mayo comienza la campaña electoral que precederá a las elecciones Europeas del 7 de junio. El Partido Popular ya tiene elaborado su programa, centrado en el compromiso con Europa y la defensa de los intereses españoles.
La Unión Europea se enfrenta hoy a la crisis económica más grave, difícil y compleja desde su fundación. España está sufriendo más la crisis que ningún otro país del mundo desarrollado.
Hoy, el riesgo está en la política del sálvese quién pueda, de los que buscando atajos dan la espalda a Europa o de los que no hacen nada por miedo o incapacidad para tomar decisiones, esperando que nuestros problemas nos los resuelvan otros.
Las políticas de nacionalismo, proteccionismo e intervencionismo indiscriminado frenan la construcción europea. Su defensa en tiempos de crisis lleva a menos Europa.
Hoy, Europa tiene que aplicar políticas de reforma económica con sólidos fundamentos que garanticen el futuro de nuestro modelo social. A cada uno de los países de Europa le corresponde emprender las reformas que aseguren su competitividad y el empleo en el nuevo entorno global y europeo que se está configurando.
El Partido Popular se compromete en Europa con los valores de la libertad, la dignidad de la persona, la economía social de mercado, el mérito, el esfuerzo y la solidaridad que han construido la Europa próspera, libre y cohesionada que conocemos. España puede estar entre los mejores de Europa. Ya lo hemos demostrado.
Interesante artículo de Carlos Herrera sobre cómo trampea el PSOE antes incluso del comienzo de la campaña para las elecciones al Parlamento Europeo, titulado “Obama, candidato a Bruselas“.
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Discursito de instituto. La campaña socialista para el Parlamento europeo puede calificarse talmente: hay elecciones a delegado de curso que contienen mensajes más engrasados, atinados y consistentes que el que el comité electoral socialista ha puesto en marcha para publicitar la candidatura que encabeza el canario López Aguilar, hombre normalmente templado y sereno al que sólo puede achacársele un excesivo y arborescente desparrame verbal realmente agotador. Viendo el primer vídeo de campaña, uno no sabe si Obama ha abierto delegación de su partido en España, si sorprendentemente se presenta él a las elecciones europeas o si el PSOE se presenta al Senado norteamericano. Incluso cabe la duda de que el presidente norteamericano tenga derecho a reclamar una compensación por el uso de su imagen publicitaria.
Ya sabe usted que todos los españoles, por lo visto en este anuncio, estaban como locos por votar en las elecciones estadounidenses del pasado noviembre. Y todos, evidentemente, por Obama. Algunos, incluso, reclamaban el derecho de los ciudadanos mundiales a poder elegir inquilino de la Casa Blanca debido a la repercusión en las vidas de todos de un cargo como aquél. Parece que el PSOE lamenta no haber podido votar y, en consecuencia, pide que lo hagamos ahora. Según lo visto y oído en el discurso electoral socialista, nos podemos sacar esa espina votando a Juanfer López Aguilar, que es lo más parecido a Obama que tienen en el partido. Conecte usted cuando quiera con el discurso del candidato y comprobará que está hablando de Obama: como dice Obama, como piensa Obama, como haría Obama, como ha decidido Obama, como sugiere Obama… ¡Santo Obama!, si no fuera por el laicismo militante y estatutario de la izquierda española…
Podemos establecer muchas conclusiones a cuento de este machacón mensaje electoral. Una de ellas es que algunos no acaban de salir de Barrio Sésamo. Otra, menos pintoresca, es que nos toman por débiles mentales. Y otra, que son unos gorrones. ¿Cómo capitalizar el éxito ajeno?: haciendo creer que somos lo mismo que el que ha ganado. Barack Obama triunfó mediante una campaña electoral inteligente, innovadora y que obtenía provecho yendo a favor de la corriente de hartazgo que había dejado su antecesor en el cargo. Pretender que aquella fascinación que recorrió el país, el de ellos, va a tener paralelismo en el nuestro mediante la comparación insostenible de unos y otros se me antoja un tanto arriesgado: da la sensación de que tienen en baja estima la preparación política de los españoles. Como escribió el gran Santiago González en su incomparable blog, a eso se lo llama votar con memoria histórica, votar con efectos retroactivos, votar para ganar a Bush, aunque Bush no se presente. Puede usted elegir entre el bien y el mal, y Obama es el bien. Luego nosotros, los socialistas candidatos a un escaño en Bruselas, también somos el bien.
El PSOE quiere rentabilizar a otros, sacar provecho de la fortuna política de una candidatura norteamericana, con lo que tendremos Obama hasta en la sopa de ideas tibias que suele alumbrar este tipo de campañas, este tipo de elecciones. Sabremos qué piensa Obama sobre todos y cada uno de los problemas mundiales o locales, e inmediatamente comprobaremos que los zapateristas piensan lo mismo. Es como si la candidatura de Mayor Oreja utilizara imágenes de Sarkozy para propagar su mensaje electoral: ya que no pudiste votarlo cuando se enfrentaba a Ségolène, vótanos para que seamos líderes europeos como el presidente francés y hagamos como españoles lo que nos hubiera gustado hacer como franceses.
Ignoro qué más nos deparará la campaña socialista, pero todo es contemplable. De momento, nos proponen que soñemos con ser norteamericanos. Como aperitivo no está mal, habida cuenta de ese cierto tufo antinorteamericano que se ha desprendido hasta hace bien poco de su pensamiento y obra.
Es curioso cómo se descubre de rápido Rodríguez Zapatero. En el Debate sobre el Estado de la Nación, al referirse al empleo, dijo:
“Las obras del Fondo Estatal de Inversión Local, dotado con 8.000 millones de euros movilizados en un tiempo récord, han ocupado ya a cerca de 240.000 personas. Se aprecia por vez primera en las cifras de paro registrado de abril y se notará aún más en los meses próximos”.
No reconoce sin embargo, lo que sí se hizo público en el Balance del Plan E, que de esos trabajadores, únicamente 92.017 corresponden a nuevos contratos, ya que el resto de ocupados ya estaban trabajando con anterioridad. Tampoco dice qué pasará cuando se agote la dotación del Fondo de Inversión Local.
Zapatero dijo:
hemos logrado reducir en 5 puntos la tasa de temporalidad laboral.
La realidad es que lamayor reducción de la temporalidad se ha producido desde finales de 2007, como consecuencia del incremento del paro, ya que gran parte de los trabajadores despedidos tenían contratos temporales. Por eso la tasa de temporalidad ha bajado tres puntos en un año.
El Gobierno socialista apenas ha avanzado en la lucha contra la temporalidad, ya que la tasa española sigue liderando el ranking europeo, y duplica la media de la Unión.
Zapatero dijo:
En los últimos doce meses se han perdido en nuestro país 1,3 millones de empleos. En una parte muy importante, por el desplome de la construcción. Detrás de esta cifra, todos lo sabemos, vive la frustración de otros tantos ciudadanos. A ellos hay que sumar el medio millón de personas que quieren incorporarse por vez primera al mercado laboral.
Lo que hace es un maquillaje estadístico, al desglosar el número de personas que se han quedado en paro en 1,3 “parados” y 500.000 desempleados que buscan su primer empleo. La realidad es que en el último año han pasado a engrosar las listas del paro 1,8 millones de personas.
Zapatero se jacta de reforzar la “protección social” en los últimos años. En realidad, desde hace 4 años no se han llevado a cabo reformas del sistema de pensiones que garanticen su viabilidad en el futuro, y además un millón de personas carecen de empleo y de prestación.
En el debate sobre el Estado de la Nación celebrado ayer Rodríguez Zapatero dijo que no es necesaria una reforma laboral para crear empleo.
Si tenemos en cuenta que España cuenta actualmente con 4 millones de parados y que además tenemos las mayores tasas de Europa de paro juvenil y femenino, uno se queda con la sensación de que al presidente del Gobierno le da pavor el precio electoral que implica una reforma laboral, a costa de las necesidades urgentes de nuestro país.
De este modo, Zapatero deja abandonados a su suerte a trabajadores y a empresarios en aras a evitar huelgas y conflictos que le provocarán desgaste, y en ese cortoplacismo se echa de menos al tan denostado José María Aznar, que no tuvo miedo de tomar medidas impopulares en 1996 para que nuestro país creciese.
Algo que benefició de manera notable a los españoles (y también a él, a la larga, con una mayoría absoluta en las urnas en 2000).
Como escribí ayer, el PP no oculta las claves que debería tener una reforma laboral, y ha hecho una propuesta:
El objetivo básico en este momento es resolver el problema del empleo en un país que se acerca a los 4 millones de parados. Todas las medidas estructurales deben priorizar la creación de empleo, y a ellas debe añadirse una reforma del mercado de trabajo que frene la destrucción de empleo y posibilite la creación de nuevos puestos de trabajo.
Las principales cuestiones a debatir son: la promoción con los agentes sociales de un Gran Acuerdo Parlamentario por el Empleo y la Competitividad que facilite la empleabilidad, busque la seguridad de los trabajadores, fomente la contratación, especialmente la indefinida, a través de una bajada selectiva de las cotizaciones sociales, y mejore los mecanismos de cobertura por desempleo.
Lejos de rectificar, como le pidió Rajoy, Zapatero persiste en el error por puro electoralismo. El presidente del Gobierno, tras 5 años de parálisis, habla del cambio de modelo productivo, pero no ofrece ni una reforma estructural para llevarlo a cabo.
La acusación de que el PP desea que crezca el paro es una vileza impropia de un Presidente de Gobierno y demuestra su nula voluntad de acordar nada con la oposición.
En materia laboral, España arrastra desde hace unos años 3 problemas principales: mucho paro, poco empleo, y demasiada economía sumergida. Y contra esto hay que luchar con medidas, no con floretes.