Adjunto un artículo de Jesús TRILLO-FIGUEROA publicado en La Razón de 1 de junio de 2009, en que analiza la peligrosidad de las declaraciones de la ministra Aído sobre los fetos (”son seres vivos, pero no seres humanos“), el resbaladizo trasfondo ideológico que encierra tal frase, y los vericuetos que han llevado al PSOE a idear la reforma del aborto.
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Una de las propuestas que los socialistas quieren exportar a Europa, después de haber machacado a España, es la de «ampliación de derechos y las políticas de igualdad». Es curioso constatar que cuando hablan de «ampliación» o «extensión de derechos» nunca añaden la expresión «humanos». Parece que la lucha por los derechos humanos ya no forma parte de la reivindicación progre.
La explicación es que ya no creen en el humanismo, porque desprecian la idea de la naturaleza humana. Ahora lo que vale es lo que expresa la frase de Philip Petitt: «Es la ley la que nos configura como personas». Por eso se puede decir que «el feto es un ser vivo pero no humano»; o por parte de Ramón Jáuregui afirmar que el concebido no tiene protección jurídica hasta los tres meses.
Es decir, hasta que lo decida la ley. Se es persona, ser humano, o se tienen protección jurídica, no porque exista una realidad natural previa, cuál es la de un «ser de la especie humana», sino porque lo decida voluntaristamente la ley, los que mandan. Es la misma argumentación que se utilizó para decir que los judíos no son seres humanos, y por eso no tienen protección jurídica y pueden ser exterminados.
El viejo socialismo reivindicaba al joven Marx para fundar un socialismo con rostro humano, lo que se llamaba el humanismo marxista; que esencialmente consistía en considerar que la política tenía como fin lograr la desalineación de los seres humanos, expresado en aquella frase: «De cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad». Después, el socialismo marxista pasó del humanismo y degeneró en el estatismo.
El nuevo socialismo es muy diferente, ya no es obrero y revolucionario, ahora es hedonista y radical. Pero sigue siendo un socialismo que pasa del humanismo para entronizar un nuevo estatismo, más radical inclusive que el anterior.
Ahora el decisionismo legislativo no se disimula. Se asume plenamente que antes de la voluntad de la ley, es decir de la mayoría del Gobierno en el parlamento, no hay nada, ni menos aún: la naturaleza humana. Y que por lo tanto, la ley puede hacer todo, particularmente cambiar aquello que la naturaleza ha establecido como diferente: el sexo y la edad. Como dicen los teóricos del nuevo socialismo, «la igualdad que ahora se debe obtener es precisamente la que contradice la diferencia natural».
Ésta es la razón por la cual las políticas de igualdad que se quieren trasladar a Europa son antihumanistas, y, al cabo, dan como resultado dos alternativas en las próximas elecciones europeas: el humanismo, y el estatismo socialista.
La última hazaña que se le ha ocurrido a Rodríguez Zapatero, alias “el feminista”, es permitir a las menores de 16 años que aborten. El Presidente considera que esas chicas deben tener la posibilidad de, ante una “