El debate que hay que abrir en España sobre la Inmigración debe versar sobre los requisitos para empadronarse y los efectos de ese padrón; y debe hacerse sin contradicciones. Dicho lo anterior, el verdadero problema no es el padrón, es la política de Inmigración del Gobierno. ¿Quieres conocer las bases del Partido Popular?
Una comisión mixta de científicos y linguistas, tras varios meses de laboriosa investigación han descubierto cómo escribe los discursos nuestro gran Presidente Rodríguez Zapatero. El resultado del trabajo es asombroso:

A continuación, algunos extractos del documento aprobado por la última Interparlamentaria del Partido Popular celebrada hace unos pocos días, con objeto de establecer el criterio del PP ante la próxima reforma de la Justicia Penal.
[…] En la sociedad española se está instalando una sensación generalizada de impunidad, en la que parece que las leyes penales no se respetan ni aplican debidamente, y la Administración de la Justicia penal es lenta, ineficaz y poco rigurosa con los culpables de graves delitos.
El sistema de penas de nuestro Código se percibe como confuso, ineficaz en su cumplimiento, e insuficiente en el castigo de los delitos más graves (terrorismo, asesinato, agresiones sexuales, etc.), lo cual perjudica, además, su carácter disuasorio.
En 13 años el Código Penal ha necesitado 25 reformas, que han afectado a cientos de artículos y causado el desconcierto de los aplicadores del Derecho y la inestabilidad de la jurisprudencia.
La primera causa del fracaso es la propia complejidad de un sistema que se articula en torno a 31 tipos de penas diferentes, frente a las 2 que son habituales en los Códigos más modernos como el alemán o el austriaco.
A ello hay que sumar el fracaso de penas introducido experimentalmente como el arresto de fin de semana, que llevó a su supresión por el Partido Popular en 2003. Tampoco ha logrado convertirse en una pena eficaz los trabajos en beneficio de la comunidad, puesto que se calcula en torno a 70.000 las condenas que esperan a ser ejecutadas.
En el último informe del Observatorio de la Actividad de la Justicia (Fundación Wolters Kluwer) señala que el 73% de los ciudadanos considera insuficiente la condena de 15 a 20 años para el delito de asesinato; el 70% consideran insuficiente la pena de 20 a 30 años para el terrorismo; y el 68% considera insuficiente la pena de 6 a 12 años por agresión sexual con acceso.
La implantación de la cadena perpetua en España tiene un apoyo abrumador: Un 82% de ciudadanos la apoyarían; el 51%, siempre que fuera revisable, y hasta el 31%, sin más condiciones.
[…] Está claro que algo está fallando: las penas consignadas en el Código penal para estos delitos no consiguen disuadir a los infractores.
[…] El Ministerio Fiscal, siempre en dependencia jerárquica del Fiscal General del Estado, lo que ha llevado en no pocas ocasiones a la sensación de la utilización política de la Fiscalía para la aplicación de una “doble vara de medir”. Si a ello se añade, en fin, la dependencia de la Policía Judicial del Ministerio del Interior, y el nombramiento de los mandos responsables en virtud de la confianza política del ministro, el panorama resultante puede llegar a ser estremecedor.
PROPUESTAS DEL PP
Por ello, la Interparlamentaria del Partido Popular quiere plantear, ante la opinión pública, al Gobierno y a las restantes fuerzas políticas, las siguientes bases para la reforma de la justicia penal:
1. Reforma integral del sistema de penas del Código Penal, reduciendo su número y clarificando su tipología, garantizando su cumplimiento real,
2. Para los delitos más graves –terrorismo, asesinato y agresiones sexuales- el establecimiento de penas privativas de libertad ejemplares, garantizando su cumplimiento íntegro.
3. Adecuada contemplación de la multireincidencia y la reiteración como agravantes en el Código Penal e incorporación como tipos penales específicos de las nuevas formas de delincuencia organizada contra la propiedad.
4. Incorporación clara de medidas de seguridad para los delincuentes en los que se diagnostiquen patologías sexuales, y para aquellos en los que no se haya verificado el arrepentimiento y la reinserción.
5. Garantías del resarcimiento y reparación de las víctimas, agilizando los procedimientos de exigencias de responsabilidades civiles.
6. Nueva redacción que clarifique y posibilite la expulsión como sustitución de las penas privativas de libertad para extranjeros.
7. Reforma de la Ley General Penitenciaria y su reglamento para garantizar los tres ámbitos de finalidad de la pena y el cumplimiento efectivo de las privativas de libertad.
8. Reforma de la Ley de Enjuiciamiento criminal con la finalidad de agilizar la instrucción, limitar el secreto de los sumarios, clarificar, garantizar la situación procesal de los justiciables, e introducir con carácter generalizado la celebración de juicios rápidos.
9. Reestructuración de la policía judicial, de manera que sus mandos y dependencia estén bajo control judicial.
10. Reestructuración de las diligencias preinstructoras del Ministerio Fiscal, y limitándolas al plazo de un mes prorrogable por otro improrrogable, en todo tipo de delitos.
Patente de corso, por Arturo Pérez-Reverte. 25-06-2000
Aragón también existe. A pesar de la manipulación histórica de tantos timadores y mangantes.
Que sí, hombre, que ya era hora. Que en toda esta lista de los más vendidos, en este concurso inaudito de ignorancia, manipulación y mala fe a la hora de reinventar la Historia, uno está hasta la línea de flotación de oír siempre a los mismos, como si el resto hubiera oficiado de comparsas en la murga. Y hete aquí por fin que alguien reacciona como es debido, y dice venga ya, y decide que ya es hora de poner en su sitio a unos cuantos timadores y mangantes, de esos que les pagan pesebres a sus historiadores de plantilla para que descosan y vuelvan a coser la historia a medida, y luego la meten en los libros de texto y se montan unas películas que ya las hubiera querido Samuel Bronston. Eso mientras los que saben se callan, porque son unos mierdecillas, o por el qué dirán, o porque les interesa. Y de ese modo terminamos viviendo en una España virtual, que no la conoce ni la madre que la parió.
Así que olé los huevos de Aragón, o de quien decidiera montar la exposición Aragón, reino y corona, que no sé si andará por alguna parte ahora, pero que durante el mes de mayo estuvo abierta en Madrid. En toda esa mentecatez de la que hablaba antes -ahora resulta que existió un imperio catalán que hasta hace cuatro días pasó inexplicablemente inadvertido a los historiadores, o que los irreductibles vascos nunca se mezclaron en las empresas militares ni comerciales españolas- Aragón había estado mucho tiempo callado, pese a tener muchas cosas que decir, o que matizar, desde aquel lejano siglo onceno en que Ramiro I, contemporáneo del Cid, sentaba las bases de un reino que abarcaría Aragón, Valencia, las Mallorcas, Barcelona, Sicilia, Cerdeña, Nápoles, Atenas, Neopatria, el Rosellón y la Cerdaña, y terminó formando la actual España en 1469, gracias al enlace entre su rey Fernando II de Aragón e Isabel, reina de Castilla.
Ése es el hecho cierto, y no lo cambian ni el mucho morro ni el reescribir la Historia; incluido el manejo exclusivista y fraudulento de las famosas barras que eran Senyal real no de un reino o territorio, sino de una familia o casa reinante que, como matizó Pedro IV en el siglo XIV, tiene Aragón como título y nombre principal. Casa reinante que absorbió a la casa de Barcelona, extinguida en 1150 por mutua conveniencia y deseo del titular de esta última, el conde Ramón Berenguer; que al casarse con Petronila, hija de Ramiro el Monje, rey de Aragón, adquirió como propio un linaje superior, pero renunciando al suyo, no titulándose más que princeps junto a su esposa regina; de modo que el hijo de ambos, ya con Barcelona incorporada a la corona, se tituló rex de Aragón, y nunca de Cataluña. Por suerte no todos los archivos han caído en manos de quien yo me sé -tiemblo al pensar qué será de ellos-, y aún quedan documentos donde comprobar lo evidente. Que por cierto, en cuanto a la propiedad histórica de las famosas barras, no está de más recordar que en 1285 la crónica de Bernard Deslot precisaba aquello de: «No pienso que galera o bajel o barco alguno intente navegar por el mar sin salvoconducto del rey de Aragon, sino que tampoco creo que pez alguno pueda surcar las aguas marinas si no lleva en su cola un escudo con la enseña del rey de Aragón».
Así que cómo me alegro, oigan, de que aquel digno y viejo Aragón olvidado, marginado, asfixiado por la perra política de este perro país, aún sea capaz de decir aquí estoy, desmintiendo a tanto oportunista y a tanto manipulador y a tanto mercachifle. Recordando que existió una corona aragonesa que constituyó el imperio más extenso del Occidente medieval, donde, bajo su nombre y sus barras, Aragón, Cataluña y Valencia compartieron aventuras, comercio, guerras e historia, enriquecieron sangres y lenguas con el latín, el catalán y el castellano, cartografiaron el mundo, construyeron naves, pasearon mercenarios almogávares y dominaron territorios que luego aportaron a lo que ahora llamamos España, con la manifestación de los fueros y libertades propios en aquella fórmula tremenda, maravillosa y solemne: el «si non, non» heredado de los antiguos godos, mediante el cual los nobles aragoneses -«que somos tanto como vos, y juntos más que vos»-, acataban la autoridad del rey de tú a tú, reconociéndolo sólo como «el principal entre los iguales».
Por eso son buenas estas iniciativas y estas exposiciones y estas cosas. Son muy buenas, incluso higiénicas; y me sorprende que, como antídoto contra la manipulación y la desmemoria que están convirtiendo este lugar llamado España en una piltrafa y en una casa de putas insolidaria y estulta, no se les dediquen más esfuerzos, ocasiones y dinero. Por ejemplo, el que se ha utilizado en la imprescidible urgencia de sustituir La Coruña por A Coruña en los rótulos de las carreteras y auto-vías de toda España. Incluida, supongo, la N-340 a la altura de Chiclana.