Los europeos nos encontramos en un punto crítico de nuestra historia. Es necesario identificar los principales desafíos que la Unión Europea tendrá que afrontar en los próximos 20 años. Para ello, el Grupo de Reflexión sobre el futuro de la UE ha elaborado y remitido su Informe al Consejo Europeo con los “retos y oportunidades” de la Unión bajo el título PROYECTO EUROPA 2030.
Lo que vemos no es tranquilizador: crisis económica global; Estados al rescate de banqueros; envejecimiento demográfico que afecta a la competitividad y al estado del bienestar; competencia a la baja en costes y salarios; amenaza de cambio climático; dependencia de unas importaciones de energía cada vez más cara y escasa; o desplazamiento hacia Asia de la producción y el ahorro. Y todo ello sin contar con la amenaza del terrorismo, del crimen organizado o de la proliferación de armas de destrucción masiva.
¿Podrá la UE preservar y aumentar sus niveles de prosperidad en este escenario? ¿Será relevante para mantener sus valores y sus intereses?
Aunque en algunos puntos del informe cualquier conocedor o estudioso de los mecanismos de la UE esperaría algo más que algunas declaraciones generalistas, el documento es un buen punto de partida y una reflexión interesante. También se resumen multitud de datos en los que se asientan las deliberaciones. Ejemplo:
La dependencia de las importaciones de petróleo, gas y carbón, a precios elevados, de terceros países aumentará de aquí a 2030 del 50% actual a un 60%, pudiendo llegar a representar los combustibles fósiles el 80% de la combinación energética de Europa. A lo anterior se añade que los suministros se extraerán de algunas de las regiones del mundo más inestables políticamente. Dada la clara intensidad energética de nuestras economías, el margen de vulnerabilidad y turbulencia es enorme.
Entre las peticiones del grupo, destaca mejorar el capital humano, la reforma del sistema educativo en todos sus niveles, poner en marcha una política común – interna y externa- en materia energética, y lo que hoy por hoy parece más imperioso: reformar el mercado de trabajo y modernizar el funcionamiento de las empresas, ya que la revolución tecnológica exige cambios para aprovechar toda su potencialidad. Algunos países de la UE han avanzado reformas exitosas en flexiseguridad que debemos analizar y adaptar a nuestras realidades. En España esto es, desde luego, perentorio y urgente.
