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	<title>Sebastián Contín</title>
	<link>http://sebastiancontin.es</link>
	<description>Concejal PP Ayuntamiento Zaragoza</description>
	<pubDate>Tue, 31 Aug 2010 12:11:18 +0000</pubDate>
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		<title>Hasta siempre Santos</title>
		<link>http://sebastiancontin.es/2010/08/28/hasta-siempre-santos/</link>
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		<pubDate>Sat, 28 Aug 2010 12:05:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastian</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[España]]></category>

		<category><![CDATA[Santos Villanueva]]></category>

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		<description><![CDATA[
Menuda injusticia. Después de encogerse el corazón, es el primer pensamiento que tuve cuando me comunicaron que a Santos Villanueva le había robado la vida una piedra mientras escalaba en los Picos de Europa.
Una injusticia por su juventud, por su futuro, por su esposa Nuria. Una injusticia para sus amigos, que pierden a un amigo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://sebastiancontin.es/wp-content/uploads/2010/08/santos-villanueva.jpg" alt="santos-villanueva.jpg" /></p>
<p><strong>Menuda injusticia. </strong>Después de encogerse el corazón, es el primer pensamiento que tuve cuando me comunicaron que a Santos Villanueva le había robado la vida una piedra mientras escalaba en los Picos de Europa.</p>
<p>Una injusticia por su juventud, por su futuro, por su esposa Nuria. Una injusticia para sus amigos, que pierden a un amigo fiel, divertido,  bondadoso, sereno, siempre con buen juicio. Pero sobre todo, una injusticia porque todos, todos, hemos perdido a alguien con una carrera de servicio a los demás que conocen bien en Castilla y León, y a la que le quedarán tantas páginas brillantes por escribir.</p>
<p>No me he encontrando con fuerzas para seguir colgando poesías después de tan triste noticia. Pero si el texto íntegro del artículo que le dedicó el presidente de la Junta de Castilla y León, en memoria de Santos, un gesto sencillo que lamentablemente no arregla nada, pero nos permite perpetuar su recuerdo y tratar de aliviar su pérdida.</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;</p>
<p>Juan Vicente Herrera: <a href="http://www.20minutos.es/noticia/795467/0/">&#8220;Gracias, Santos Villanueva&#8221;</a></p>
<blockquote><p>&#8220;Me parece increíble estar sintiendo y escribiendo esta sencilla nota a las pocas horas de la inesperada e irreparable muerte de Santos Villanueva. Una tragedia personal y familiar. Una enorme pérdida para todos. Mayor de la que muchos pueden suponer.</p>
<p>Santos ha sido una de las personas más limpias y elegantes que he conocido. Y me refiero, claro está, más allá de lo externo y lo estético, a esa elegancia natural e interior, y a esa limpieza ética que distingue a los mejores. Porque él ya era uno de los mejores, por sus valores, por su formación y experiencia, por su sentido de la prudencia y la serenidad.</p>
<p>Un joven responsable, moderno, abierto, que creía en lo que hacía (en lo que hacíamos) y que además lo hacía bien. Un tipo estupendo. El tiempo iba marcando su camino personal y familiar, y también el profesional, que iba a ser sin duda muy importante y sólido. Pero por uno de esos dramas del destino, por una de esas cosas de Dios que nunca entenderemos, es precisamente el tiempo lo que le ha faltado, diciendo adiós a su corta vida en la naturaleza y en la montaña que tanto amaba.</p>
<p>Siempre discreto, prudente y leal, su presencia pública no pasaba sin embargo desapercibida. Los que le conocíamos y queríamos sabíamos distinguirle entre la masa. ¡Cuánto me ha ayudado a lo largo de estos siete últimos años! Con la enorme calidad de sus informes y papeles, base de tantas y tantas intervenciones públicas. Estoy ahora viendo el último de finales de julio. Con su presencia en viajes, reuniones, actos públicos. Recuerdo una foto, ¿dónde estará?, en la que comparte grada en un mitin de campaña, creo que en Ponferrada, con el gran Julián Campo. Ahora de nuevo juntos y ayudando.</p>
<p>Con su mirada firme y comprensiva, cuando situado enfrente de mí en la mesa de la Junta, de la que era secretario, me ha prestado hasta el último jueves el &#8220;consejo de sus ojos&#8221; ante un debate encendido o una decisión difícil.</p>
<p>Te estoy echando ya mucho de menos, Santos. No puedo ocultar que contigo se va un girón de mi ilusión y de mi esperanza. Ha sido un privilegio ser tu amigo y compañero. Gracias a Nuria, a tus padres y a tus hermanos por haberte compartido con nosotros. Y gracias a ti. Descansa en paz&#8221;.</p></blockquote>
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		</item>
		<item>
		<title>Fernando de Herrera. Por la Victoria de Lepanto</title>
		<link>http://sebastiancontin.es/2010/08/27/fernando-de-herrera-por-la-victoria-de-lepanto/</link>
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		<pubDate>Fri, 27 Aug 2010 08:15:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastian</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Otros]]></category>

		<category><![CDATA[Fernando de Herrera]]></category>

		<category><![CDATA[poema]]></category>

		<category><![CDATA[poesia]]></category>

		<category><![CDATA[Por la Victoria de Lepanto]]></category>

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		<description><![CDATA[Cantemos al Señor, que en la llanura
Venció del ancho mar al Trace fiero;
Tú, Dios de las batallas, tú eres diestra,
Salud y gloria nuestra.
Tú rompiste las fuerzas y la dura
Frente de Faraón, feroz guerrero;
Sus escogidos príncipes cubrieron
Los abismos del mar, y descendieron,
Cual piedra, en el profundo, y tu ira luego
Los tragó, como arista seca el fuego.
El [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cantemos al Señor, que en la llanura<br />
Venció del ancho mar al Trace fiero;<br />
Tú, Dios de las batallas, tú eres diestra,<br />
Salud y gloria nuestra.<br />
Tú rompiste las fuerzas y la dura<br />
Frente de Faraón, feroz guerrero;<br />
Sus escogidos príncipes cubrieron<br />
Los abismos del mar, y descendieron,<br />
Cual piedra, en el profundo, y tu ira luego<br />
Los tragó, como arista seca el fuego.</p>
<p>El soberbio tirano, confiado<br />
En el grande aparato de sus naves,<br />
Que de los nuestros la cerviz cautiva<br />
Y las manos aviva<br />
Al ministerio injusto de su estado,<br />
Derribó con los brazos suyos graves<br />
Los cedros más excelsos de la cima<br />
Y el árbol que más yerto se sublima,<br />
Bebiendo ajenas aguas y atrevido<br />
Pisando el bando nuestro y defendido.</p>
<p>Temblaron los pequeños, confundidos<br />
Del impio furor suyo; alzó la frente<br />
Contra tí, Señor Dios, y con semblante<br />
Y con pecho arrogante,<br />
Y los armados brazos extendidos,<br />
Movió el airado cuello aquel potente;<br />
Cercó su corazón de ardiente saña<br />
Contra las dos Hesperias, que el mar baña,<br />
Porque en ti confiadas le resisten<br />
Y de armas de tu fe y amor se visten.</p>
<p>Dijo aquel insolente y desdeñoso:<br />
«¿No conocen mis iras estas tierras,<br />
Y de mis padres los ilustres hechos,<br />
O valieron sus pechos<br />
Contra ellos con el húngaro medroso,<br />
Y de Dalmacia y Rodas en las guerras?<br />
¿Quién las pudo librar? ¿Quién de sus manos<br />
Pudo salvar los de Austria y los germanos?<br />
¿Podrá su Dios, podrá por suerte ahora<br />
Guardarlos de mi diestra vencedora?</p>
<p>»Su Roma; temerosa y humillada,<br />
Los cánticos en lágrimas convierte;<br />
Ella y sus hijos tristes mi ira esperan<br />
Cuando vencidos mueran;<br />
Francia está con discordia quebrantada,<br />
Y en España amenaza horrible muerte<br />
Quien honra de la luna las banderas;<br />
Y aquéllas en la guerra gentes fieras<br />
Ocupadas están en su defensa,<br />
Y aunque no, ¿quién hacerme puede ofensa?</p>
<p>»Los poderosos pueblos me obedecen,<br />
Y el cuello con su daño al yugo inclinan,<br />
Y me dan por salvarse ya la mano<br />
Y su valor es vano;<br />
Que sus luces cayendo se oscurecen,<br />
Sus fuertes a la muerte ya caminan,<br />
Sus vírgenes están en cautiverio,<br />
Su gloria ha vuelto al cetro de mi imperio.<br />
Del Nilo a Éufrates fértil e Istro frío,<br />
Cuanto el sol alto mira todo es mío.»</p>
<p>Tú, Señor, que no sufres que tu gloria<br />
Usurpe quien su fuerza osado estima,<br />
Prevaleciendo en vanidad y en ira,<br />
Este soberbio mira,<br />
Que tus aras afea en su victoria.<br />
No dejes que los tuyos así oprima,<br />
Y en su cuerpo, crüel, las fieras cebe,<br />
Y en su esparcida sangre el odio pruebe;<br />
Que hecho-ya su oprobio, dice: «¿Dónde<br />
El Dios de éstos está? ¿De quién se esconde?»</p>
<p>Por la debida gloria de tu nombre,<br />
Por la justa venganza de tu gente,<br />
Por aquel de los míseros gemido,<br />
Vuelve el brazo tendido<br />
Contra éste, que aborrece ya ser hombre;<br />
Y las honras que celas tú consiente;<br />
Y tres y cuatro veces el castigo<br />
Esfuerza con rigor a tu enemigo,<br />
Y la injuria a tu nombre cometida<br />
Sea el hierro contrario de su vida.</p>
<p>Levantó la cabeza el poderoso<br />
Que tanto odio te tiene; en nuestro estrago<br />
Juntó el consejo, y contra nos pensaron<br />
Los que en él se hallaron.<br />
«Venid, dijeron, y en el mar ondoso<br />
Hagamos de su sangre un grande lago;<br />
Deshagamos a éstos de la gente,<br />
Y el nombre de su Cristo juntamente,<br />
Y dividiendo de ellos los despojos,<br />
Hártense en muerte suya nuestros ojos.»</p>
<p>Vinieron de Asia y portentoso Egito<br />
Los árabes y leves africanos,<br />
Y los que Grecia junta mal con ellos,<br />
Con los erguidos cuellos,<br />
Con gran poder y número infinito;<br />
Y prometer osaron con sus manos<br />
Encender nuestros fines y dar muerte<br />
A nuestra juventud con hierro fuerte,<br />
Nuestros niños prender y las doncellas,<br />
Y la gloria manchar y la luz dellas.</p>
<p>Ocuparon del piélago los senos,<br />
Puesta en silencio y en temor la tierra,<br />
Y cesaron los nuestros valerosos,<br />
Y callaron dudosos,<br />
Hasta que al fiero ardor de sarracenos<br />
El Señor eligiendo nueva guerra,<br />
Se opuso el joven de Austria generoso<br />
Con el claro español y belicoso;<br />
Que Dios no sufre ya en Babel cautiva<br />
Que su Sión querida siempre viva.</p>
<p>Cual león a la presa apercibido,<br />
Sin recelo los impíos esperaban<br />
A los que tú, Señor, eras escudo;<br />
Que el corazon desnudo<br />
De pavor, y de amor y fe vestido,<br />
Con celestial aliento confiaban.<br />
Sus manos a la guerra compusiste,<br />
Y sus brazos fortísimos pusiste<br />
Como el arco acerado, y con la espada<br />
Vibraste en su favor la diestra armada.</p>
<p>Turbáronse los grandes, los robustos<br />
Rindiéronse temblando y desmayaron;<br />
Y tú entregaste, Dios, como la rueda,<br />
Como la arista queda<br />
Al ímpetu del viento, a estos injustos,<br />
Que mil huyendo de uno se pasmaron.<br />
Cual fuego abrasa selvas, cuya llama<br />
En las espesas cumbres se derrama,<br />
Tal en tu ira y tempestad seguiste<br />
Y su faz de ignominia convertiste.</p>
<p>Quebrantaste al crüel dragón, cortando<br />
Las alas de su cuerpo temerosas<br />
Y sus brazos terribles no vencidos;<br />
Que con hondos gemidos<br />
Se retira a su cueva, do silbando<br />
Tiembla con sus culebras venenosas,<br />
Lleno de miedo torpe sus entrañas,<br />
De tu león temiendo las hazañas;<br />
Que, saliendo de España, dio un rugido<br />
Que lo dejó asombrado y aturdido.</p>
<p>Hoy se vieron los ojos humillados<br />
Del sublime varón y su grandeza,<br />
Y tú solo, Señor, fuiste exaltado;<br />
Que tu día es llegado,<br />
Señor de los ejércitos armados,<br />
Sobre la alta cerviz y su dureza,<br />
Sobre derechos cedros y extendidos,<br />
Sobre empinados montes y crecidos,<br />
Sobre torres y muros, y las naves<br />
De Tiro, que a los suyos fueron graves.</p>
<p>Babilonia y Egito amedrentada<br />
Temerá el fuego y la asta violenta,<br />
Y el humo subirá a la luz del cielo,<br />
Y faltos de consuelo,<br />
Con rostro oscuro y soledad turbada<br />
Tus enemigos llorarán su afrenta.<br />
Mas tú, Grecia, concorde a la esperanza<br />
Egipcia y gloria de su confianza,<br />
Triste que a ella pareces, no temiendo<br />
A Dios y a tu remedio no atendiendo,</p>
<p>¿Por qué, ingrata, tus hijas adornaste<br />
En adulterio infame a una impia gente,<br />
Que deseaba profanar tus frutos,<br />
Y con ojos enjutos<br />
Sus odiosos pasos imitaste,<br />
Su aborrecida vida y mal presente?<br />
Dios vengará sus iras en tu muerte;<br />
Que llega a tu cerviz con diestra fuerte<br />
La aguda espada suya; ¿quién, cuitada,<br />
Reprimirá su mano desatada?</p>
<p>Mas tú, fuerza del mar, tú, excelsa Tiro,<br />
Que en tus naves estabas gloriosa,<br />
Y el término espantabas de la tierra,<br />
Y si hacías guerra,<br />
De temor la cubrías con suspiro,<br />
¿Cómo acabaste, fiera y orgullosa?<br />
¿Quién pensó a tu cabeza daño tanto?<br />
Dios, para convertir tu gloria en llanto<br />
Y derribar tus ínclitos, y fuertes<br />
Te hizo perecer con tantas muertes.</p>
<p>Llorad, naves del mar; que es destruida<br />
Vuestra vana soberbia y pensamiento.<br />
¿Quién ya tendrá de ti lástima alguna,<br />
Tú, que sigues la luna,<br />
Asia adúltera, en vicios sumergida?<br />
¿Quién mostrará un liviano sentimiento?<br />
¿Quién rogará por ti? Que a Dios enciende<br />
Tu ira y la arrogancia que te ofende,<br />
Y tus viejos delitos y mudanza<br />
Han vuelto contra ti a pedir venganza.</p>
<p>Los que vieron tus brazos quebrantados<br />
Y de tus pinos ir el mar desnudo,<br />
Que sus ondas turbaron y llanura,<br />
Viendo tu muerte oscura,<br />
Dirán, de tus estragos espantados:<br />
¿Quién contra la espantosa tanto pudo?<br />
El Señor, que mostró su fuerte mano<br />
Por la fe de su príncipe cristiano<br />
Y por el nombre santo de su gloria,<br />
A su España concede esta victoria.</p>
<p>Bendita, Señor, sea tu grandeza;<br />
Que después de los daños padecidos,<br />
Después de nuestras culpas y castigo,<br />
Rompiste al enemigo<br />
De la antigua soberbia la dureza.<br />
Adórente, Señor, tus escogidos,<br />
Confiese cuanto cerca el ancho cielo<br />
Tu nombre ¡oh nuestro Dios, nuestro consuelo!<br />
Y la cerviz rebelde, condenada,<br />
Perezca en bravas llamas abrasada.</p>
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		<item>
		<title>Gustavo Adolfo Bécquer. Cerraron sus Ojos (Rimas)</title>
		<link>http://sebastiancontin.es/2010/08/26/gustavo-adolfo-becquer-cerraron-sus-ojos-rimas/</link>
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		<pubDate>Thu, 26 Aug 2010 12:24:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastian</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Otros]]></category>

		<category><![CDATA[Cerraron sus Ojos]]></category>

		<category><![CDATA[Gustavo Adolfo Becquer]]></category>

		<category><![CDATA[poema]]></category>

		<category><![CDATA[Rimas]]></category>

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		<description><![CDATA[Cerraron sus ojos
Que aun tenía abiertos;
Taparon su cara
Con un blanco lienzo;
Y unos sollozando,
Otros en silencio,
De la triste alcoba
Todos se salieron.
La luz, que en un vaso
Ardía en el suelo,
Al muro arrojaba
La sombra del lecho;
Y entre aquella sombra
Velase a intervalos
Dibujarse rígida
La forma del cuerpo.
Despertaba el día
Y a su albor primero
Con sus mil rüidos
Despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
De [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cerraron sus ojos<br />
Que aun tenía abiertos;<br />
Taparon su cara<br />
Con un blanco lienzo;<br />
Y unos sollozando,<br />
Otros en silencio,<br />
De la triste alcoba<br />
Todos se salieron.</p>
<p>La luz, que en un vaso<br />
Ardía en el suelo,<br />
Al muro arrojaba<br />
La sombra del lecho;<br />
Y entre aquella sombra<br />
Velase a intervalos<br />
Dibujarse rígida<br />
La forma del cuerpo.</p>
<p>Despertaba el día<br />
Y a su albor primero<br />
Con sus mil rüidos<br />
Despertaba el pueblo.<br />
Ante aquel contraste<br />
De vida y misterios,<br />
De luz y tinieblas.<br />
Medité un momento:</p>
<p><em>¡Dios mío, qué solos<br />
Se quedan los muertos!</em></p>
<p>De la casa en hombros<br />
Lleváronla al templo<br />
Y en una capilla<br />
Dejaron el féretro.<br />
Allí rodearon<br />
Sus pálidos restos<br />
De amarillas velas<br />
Y de paños negros.</p>
<p>Al dar de las ánimas<br />
El toque postrero,<br />
Acabó una vieja<br />
Sus últimos rezos;<br />
Cruzó la ancha nave,<br />
Las puertas gimieron,<br />
Y el santo recinto<br />
Quedóse desierto.</p>
<p>De un reloj se oía<br />
Compasado el péndulo.<br />
Y de algunos cirios<br />
El chisporroteo.<br />
Tan medroso y triste,<br />
Tan oscuro y yerto<br />
Todo se encontraba . . .<br />
Que pensé un momento:</p>
<p><em>¡Dios mío, qué solos<br />
Se quedan los muertos!</em></p>
<p>De la alta campana<br />
La lengua de hierro,<br />
Le dio, volteando,<br />
Su adiós lastimero.<br />
El luto en las ropas,<br />
Amigos y deudos<br />
Cruzaron en fila,<br />
Formando el cortejo.</p>
<p>Del último asilo,<br />
Oscuro y estrecho,<br />
Abrió la piqueta<br />
El nicho a un extremo.<br />
Allí la acostaron,<br />
Tapiáronlo luego,<br />
Y con un saludo<br />
Despidióse el duelo.</p>
<p>La piqueta al hombro,<br />
El sepulturero<br />
Cantando entre dientes<br />
Se perdió a lo lejos.<br />
La noche se entraba,<br />
Reinaba el silencio;<br />
Perdido en las sombras,<br />
Medité un momento:</p>
<p><em>¡Dios mío, qué solos<br />
Se quedan los muertos!</em></p>
<p>En las largas noches<br />
Del helado invierno,<br />
Cuando las maderas<br />
Crujir hace el viento<br />
Y azota los vidrios<br />
El fuerte aguacero,<br />
De la pobre niña<br />
A solas me acuerdo.</p>
<p>Allí cae la lluvia<br />
Con un son eterno;<br />
Allí la combate<br />
El soplo del cierzo.<br />
Del húmedo muro<br />
Tendida en el hueco,<br />
¡Acaso de frío<br />
Se hielan sus huesos! . . .</p>
<p>¿Vuelve el polvo al polvo?<br />
¿Vuela el alma al cielo?<br />
¿Todo es vil materia,<br />
Podredumbre y cieno?<br />
¡No sé; pero hay algo<br />
Que explicar no puedo<br />
Que al par nos infunde<br />
Repugnancia y duelo,<br />
Al dejar tan tristes,<br />
Tan solos los muertos!</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Juan Meléndez Valdés. Rosana en los Fuegos</title>
		<link>http://sebastiancontin.es/2010/08/25/juan-melendez-valdes-rosana-en-los-fuegos/</link>
		<comments>http://sebastiancontin.es/2010/08/25/juan-melendez-valdes-rosana-en-los-fuegos/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 25 Aug 2010 12:17:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastian</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Otros]]></category>

		<category><![CDATA[Juan Melendez Valdes]]></category>

		<category><![CDATA[poema]]></category>

		<category><![CDATA[poesia]]></category>

		<category><![CDATA[Rosana en los Fuegos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://sebastiancontin.es/2010/08/25/juan-melendez-valdes-rosana-en-los-fuegos/</guid>
		<description><![CDATA[Del sol llevaba la lumbre
Y la alegría del alba,
En sus celestiales ojos
La hermosísima Rosana,
Una noche que a los fuegos
Salió la fiesta de Pascua,
Para abrasar todo el valle
En mil amorosas ansias.
Por doquiera que camina
Lleva tras sí la mañana,
Y donde se vuelve rinde
La libertad de mil almas.
El céfiro la acaricia
Y mansamente la halaga,
Los Amores la rodean
Y las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Del sol llevaba la lumbre<br />
Y la alegría del alba,<br />
En sus celestiales ojos<br />
La hermosísima Rosana,<br />
Una noche que a los fuegos<br />
Salió la fiesta de Pascua,<br />
Para abrasar todo el valle<br />
En mil amorosas ansias.<br />
Por doquiera que camina<br />
Lleva tras sí la mañana,<br />
Y donde se vuelve rinde<br />
La libertad de mil almas.<br />
El céfiro la acaricia<br />
Y mansamente la halaga,<br />
Los Amores la rodean<br />
Y las Gracias la acompañan.<br />
Y ella, así como en el valle<br />
Descuella la altiva palma<br />
Cuando sus verdes pimpollos<br />
Hasta las nubes levanta;<br />
O cual vid de fruto llena<br />
Que con el olmo se abraza,<br />
Y sus vástagos extiende<br />
Al arbitrio de las ramas;<br />
Así entre sus compañeras<br />
El nevado cuello alza,<br />
Sobresaliendo entre todas<br />
Cual fresca rosa entre zarzas;<br />
O como cándida perla<br />
Que artífice diestro engasta<br />
Entre encendidos corales,<br />
Porque más luzcan sus aguas.<br />
Todos los ojos se lleva<br />
Tras sí, todo lo avasalla;<br />
De amor mata a los pastores<br />
Y de envidia a las zagalas.<br />
Ni las músicas se atienden,<br />
Ni se gozan las lumbradas;<br />
Que todos corren por verla<br />
Y al verla todos se abrasan.<br />
¡Qué de suspiros se escuchan!<br />
¡Qué de vivas y de salvas!<br />
No hay zagal que no la admire<br />
Y no se esmere en loarla.<br />
Cuál absorto la contempla<br />
Y a la aurora la compara<br />
Cuando más alegre sale<br />
Y el cielo de su albor baña;<br />
Cuál al fresco y verde aliso<br />
Que crece al margen del agua,<br />
Cuando más pomposo en hojas<br />
En su cristal se retrata;<br />
Cuál a la luna, si muestra<br />
Llena su esfera de plata,<br />
Y asoma por los collados<br />
De luceros coronada.<br />
Otros pasmados la miran<br />
Y mudamente la alaban,<br />
Y cuanto más la contemplan<br />
Muy más hermosa la hallan.<br />
Que es como el cielo su rostro<br />
Cuando en la noche callada<br />
Brilla con todas sus luces<br />
Y los ojos embaraza.<br />
¡Ay, qué de envidias se encienden!<br />
¡Ay, qué de celos que causa<br />
En las serranas del Tormes<br />
Su perfección sobrehumana!<br />
Las más hermosas la temen,<br />
Mas sin osar murmurarla;<br />
Que como el oro más puro<br />
No sufre una leve mancha.</p>
<p>—Bien haya tu gentileza,<br />
Una y mil veces bien haya,<br />
Y abrase la envidia al pueblo,<br />
Hermosísima aldeana.<br />
Toda, toda eres perfecta,<br />
Toda eres donaire y gracia,<br />
El amor vive en tus ojos<br />
Y la gloria está en tu cara;<br />
En esa cara hechicera,<br />
Do toda su luz cifrada<br />
Puso Venus misma, y ciego<br />
En pos de sí me arrebata.<br />
La libertad me has robado,<br />
Yo la doy por bien robada,<br />
Mas recibe el don benigna<br />
Que mi humildad te consagra.<br />
No el don por pobres desdenes,<br />
Que aun las deidades más altas<br />
A zagales, cual yo, humildes,<br />
Un tiempo acogieron gratas;<br />
Y mezclando sus ternezas<br />
Con sus rústicas palabras,<br />
No, aunque diosas, esquivaron<br />
Sus amorosas demandas.<br />
Su feliz ejemplo sigue,<br />
Pues que en verdad las igualas;<br />
Cual yo a todos los excedo<br />
En 1o fino de mi llama—.<br />
Esto un zagal le decía<br />
Con razones mal formadas,<br />
Que salió libre a los fuegos<br />
Y volvió cautivo a casa.<br />
Y desde entonces perdido<br />
El día a sus puertas le halla;<br />
Ayer le cantó esta letra<br />
Echándole la alborada:</p>
<p>Linda zagaleja<br />
De cuerpo gentil,<br />
<em>Muérome de amores<br />
Desde que te vi.</em></p>
<p>Tu talle, tu aseo,<br />
Tu gala y donaire,<br />
No tienen, serrana,<br />
Igual en el valle.</p>
<p>Del cielo son ellos<br />
Y tú un serafín:<br />
<em>Muérome de amores<br />
Desde que te vi.</em></p>
<p>De amores me muero,<br />
Sin que nada alcance<br />
A darme la vida<br />
Que allá te llevaste,</p>
<p>Si no te condueles<br />
Benigna de mí;<br />
<em>Que muero de amores<br />
Desde que te vi.</em></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Gonzalo de Berceo. Milagros de Nuestra Señora XI: El labrador avaro</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Aug 2010 08:38:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastian</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Otros]]></category>

		<category><![CDATA[Gonzalo de Berceo]]></category>

		<category><![CDATA[Milagros de Nuestra Señora XI: El labrador avaro]]></category>

		<category><![CDATA[poema]]></category>

		<category><![CDATA[poesia]]></category>

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		<description><![CDATA[270 Era en una tierra un omne labrador
que usava la reja más que otra lavor;
más amava la tierra que non al Crïador,
era de muchas guisas omne revolvedor.
271 Fazié una nemiga, suziela por verdat,
cambiava los mojones por ganar eredat,
façié a todas guisas tuerto e falsedat,
avié mal testimonio entre su vecindat.
272 Querié, peroque malo, bien a Sancta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>270 Era en una tierra un omne labrador<br />
que usava la reja más que otra lavor;<br />
más amava la tierra que non al Crïador,<br />
era de muchas guisas omne revolvedor.</p>
<p>271 Fazié una nemiga, suziela por verdat,<br />
cambiava los mojones por ganar eredat,<br />
façié a todas guisas tuerto e falsedat,<br />
avié mal testimonio entre su vecindat.</p>
<p>272 Querié, peroque malo, bien a Sancta María,<br />
udié los sus miráculos, dávalis acogía;<br />
saludávala siempre, diciéli cada día:<br />
«Ave gratïa plena que parist a Messía.»</p>
<p>273 Finó el rastrapaja de tierra bien cargado,<br />
en soga de dïablos fue luego cativado,<br />
rastrávanlo por tienllas, de cozes bien sovado,<br />
pechávanli a duplo el pan que dio mudado.</p>
<p>274 Doliéronse los ángeles d&#8217;esta alma mesquina,<br />
por quanto la levavan dïablos en rapina;<br />
quisieron acorrelli, ganarla por vecina,<br />
mas pora fer tal pasta menguavalis farina.</p>
<p>275 Si lis dizién los ángeles de bien una razón,<br />
ciento dicién los otros, malas que buenas non;<br />
los malos a los bonos teniénlos en rencón,<br />
la alma por peccados non issié de presón.</p>
<p>276 Levantóse un ángel, disso: «Yo so testigo,<br />
verdat es, non mentira esto que yo vos digo:<br />
el cuerpo, el que trasco esta alma consigo,<br />
fue de Sancta María vassallo e amigo.</p>
<p>277 Siempre la ementava a yantar e a cena,<br />
diziéli tres palabras: &#8216;Ave gratïa plena&#8217;;<br />
la boca por qui essié tan sancta cantilena<br />
non merecié yazer en tan mala cadena.»</p>
<p>278 Luego que esti nomne de la Sancta Reína<br />
udieron los dïablos cogieron&#8217;s de ý aína;<br />
derramáronse todos como una neblina,<br />
desampararon todos a la alma mesquina.</p>
<p>279 Vidiéronla los ángeles seer desemparada,<br />
de piedes e de manos con sogas bien atada;<br />
sedié como oveja que yaze ensarzada,<br />
fueron e adussiéronla pora la su majada.</p>
<p>280 Nomne tan adonado e de vertut atanta,<br />
que a los enemigos seguda e espanta,<br />
non nos deve doler nin lengua nin garganta<br />
que non digamos todos: «Salve Regina Sancta.»</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Elegía A Las Musas de Leandro Fernández de Moratín</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Aug 2010 13:36:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sebastian</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Otros]]></category>

		<category><![CDATA[Elegia A Las Musas]]></category>

		<category><![CDATA[Leandro Fernandez de Moratin]]></category>

		<category><![CDATA[poema]]></category>

		<category><![CDATA[poesia]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta corona, adorno de mi frente,
esta sonante lira y flautas de oro
y máscaras alegres, que algún día
me disteis, sacras Musas, de mis manos
trémulas recibid, el canto acabe,
que filera osado intento repetirle.
He visto ya cómo la edad ligera,
apresurando a no volver las horas,
robó con ellas su vigor al numen.
Sé que negáis vuestro favor divino
a la cansada [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center">Esta corona, adorno de mi frente,<br />
esta sonante lira y flautas de oro<br />
y máscaras alegres, que algún día<br />
me disteis, sacras Musas, de mis manos<br />
trémulas recibid, el canto acabe,<br />
que filera osado intento repetirle.<br />
He visto ya cómo la edad ligera,<br />
apresurando a no volver las horas,<br />
robó con ellas su vigor al numen.<br />
Sé que negáis vuestro favor divino<br />
a la cansada senectud, y en vano<br />
filera implorarle; pero en tanto, bellas<br />
ninfas, del verde Pindo habitadoras,<br />
no me neguéis que os agradezca humilde<br />
los bienes que os debí. Si pude un día,<br />
no indigno sucesor de nombre ilustre,<br />
dilatarle famoso, a vos file dado<br />
llevar al fin mi atrevimiento. Solo<br />
pudo bastar vuestro amoroso anhelo<br />
a prestarme constancia en los afanes<br />
que turbaron mi paz, cuando insolente,<br />
vano saber, enconos y venganzas<br />
codicia y ambición la patria mía<br />
abandonaron a civil discordia.<br />
Yo vi del polvo levantarse audaces<br />
a dominar y perecer tiranos,<br />
atropellarse efímeras las leyes<br />
y llamarse virtudes los delitos.<br />
Vi las fraternas armas nuestros muros<br />
bañar en sangre nuestra, combatirse<br />
vencido y vencedor, hijos de España,<br />
y el trono desplomándose al vendido<br />
ímpetu popular, De las arenas<br />
que el mar sacude en la fenicia Gades<br />
a las que el Tajo lusitano envuelve<br />
en oro y conchas, uno y otro imperio,<br />
iras, desorden esparciendo y luto,<br />
comunicarse el fimeral estrago.<br />
Así cuando en Sicilia el Etna ronco<br />
revienta incendios, su bifronte cima<br />
cubre el Vesubio en humo denso y llamas,<br />
turba el Averno sus calladas ondas;<br />
y allá del Tibre en la ribera etrusca<br />
se estremece la cúpula soberbia,<br />
que da sepulcro al sucesor de Cristo.<br />
¿Quién pudo en tanto horror mover el plectro?<br />
¿Quién dar al verso acordes armonías,<br />
oyendo resonar grito de muerte?<br />
Tronó la tempestad; bramó iracundo<br />
el huracán, y arrebató a los campos<br />
sus frutos, su matiz; la rica pompa<br />
destrozó de los árboles sombríos;<br />
todas huyeron tímidas las aves<br />
del blando nido, en el espanto mudas:<br />
no más trinos de amor. Así agitaron<br />
los tardos años mi existencia, y pudo<br />
solo en región extraña el oprimido<br />
ánimo hallar dulce descanso y vida.<br />
breve será, que ya la tumba aguarda<br />
y sus mármoles abre a recibirme;<br />
ya los voy a ocupar…Si no es eterno<br />
el rigor de los hados, y reservan<br />
a mi patria infeliz mayor ventura,<br />
dénsela presto, y mi postrer suspiro<br />
será por ella… Prevenid en tanto<br />
flébiles tonos, enlazad coronas<br />
de ciprés fimeral, Musas celestes;<br />
y donde a las del mar sus aguas mezcla<br />
el Garona opulento, en silencioso<br />
bosque de lauros y menudos mirtos,<br />
ocultad entre flores mis cenizas.</p>
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